Viajar te permite vivir varias vidas distintas, una en cada lugar que visitas. Y viajar sin ataduras, ir donde te apetezca en cada momento, sin un plan predeterminado ni una fecha fija de vuelta, te hace sentir libre de verdad. El mundo es muy grande y tenemos la oportunidad de conocerlo si queremos, aunque mucha gente piense que, al puro estilo de El show de Truman, no puede salir del pueblo o ciudad donde ha nacido y lanzarse a recorrer mundo.
La rutina mata, y viajar enriquece. Es por ello que después de haber vivido los últimos dos años en León y en Barcelona, una ciudad de la que más adelante me gustaría escribir algo ya que me ha dejado seriamente prendado, he decidido irme a Australia para pasar unos meses y descubrir que me depara el futuro en el lejano pais. Voy sin trabajo y sin alojamiento, ni siquiera sé en que ciudad voy a quedarme. De todo lo que me ocurra, que espero que sea mucho, iré contando lo que me parezca interesante en este humilde blog que hoy empiezo.
Espero que sirva, además de para tener informada a la gente que se preocupa un poco de mis andanzas, como ayuda para aquellos que estén pensando en viajar a estas tierras llenas de playas, bichos extraños y desiertos sin fin, y no se imaginen como puede resultar la historia de lanzarse al otro lado del planeta.
Salgo el día 4 de noviembre desde Barcelona, con destino Singapur. Allí me espera Alan Lim, un chico que me va a acoger en su casa y que he conocido ayer mismo a través de la página web de Couchsurfing (www.couchsurfing.com ).
Para aquellos que no lo conozcan, simplemente decir que couch surfing es una especie de comunidad en Internet donde los miembros ofrecen un lugar donde dormir o simplemente su compañía para salir a tomar algo o enseñar la ciudad a otros miembros que estén viajando en ese momento. Es completamente gratuito y cualquiera puede apuntarse.
Yo, más bien nosotros (me refiero a mis amados compañeros de piso en Barcelona Daniel, Cristian y Michal) acogimos diversos invitados y las experiencias no pudieron ser mejores. Es una manera de conocer gente que proviene de otros países y otras culturas, y ayudarles a conocer mejor el lugar donde vives, integrarlos en el ambiente en el que te mueves. Es decir, hay gente que comparte su casa y su tiempo con personas que no conocen más que por un perfil en una página web, sin esperar nada a cambio de ellas. Cierto es que uno puede y espera luego ser hospedado por otros miembros cuando le llegue la hora de viajar, pero así y todo y aunque esto pueda sonar un poco exagerado, este proyecto te hace pensar que ahí fuera hay gente legal que hace que el mundo no sea tan jodido como a veces puede parecer.
Tras tres días allí, tomaré otro avión hacia Sydney, y a partir de ahí, la idea es irme hasta Byron Bay, un pueblo de 9.000 habitantes, situado 800 kilómetros al norte de Sydney. Allí se encuentra el punto más oriental de Australia continental, cabo Byron, tal como lo bautizó el Capitán Cook en 1176. El lugar es famoso por su ambiente artístico, bohemio y surfista, ya que hay media decena de playas blancas que rodean la ciudad, ideales para practicar surf. Tengo ganas de comprobar si esta fama es merecida o en realidad es un lugar atestado de turistas y jóvenes pastilleros vestidos con ropa de marca.
Pero antes me esperan dos ciudades, Singapur y Sydney.